
Que todo empiece en la mesa,
porque la noche acompaña.
Manos que se cruzan sin pensar,
el fuego trabajando en silencio
y los tragos que esperan su momento.
Cuando ya no hace falta decir nada,
cuando el tiempo se rinde
y el cuerpo entiende primero.
Que aquí nada sea inocente.
Amén.